¿Qué hemos hecho con la patria? Por Mtro. Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes

* Por Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes

Cuando se sirve bien a la patria, se tiene en todas partes muchos amigos viejos

José Martí

El hacer patria, entendida de una manera primaria es el servicio al prójimo, a la naturaleza y a todos los seres vivientes, ya sean del lugar donde se ha nacido o del que por circunstancias de la vida se está radicando. Bien dicen que no se es de donde se nace, si no de donde se pace. Esta sencilla reflexión viene a cuento porque me recordó aquellas pequeñas lecciones patrióticas que me daba mi padre Arturo Estrada. Cuando fue migrante en los Estados Unidos de América, hacía las cartas que sus paisanos mandaban a sus familias, pues la mayoría de ellos no sabía leer ni escribir. Defendió siempre, hasta los golpes, los derechos laborales de sus contemporáneos mexicanos, trabajadores “braceros”, todos.

Luego andando el tiempo y a su regreso de los Estados Unidos, fue profesor de inglés en una secundaria de Tanhuato, Michoacán, vertiendo con generosidad el idioma que había aprendido lejos de su patria, a la par fue recaudador de rentas durante 45 años en distintos municipios del estado de Michoacán, y me he encontrado alumnos y personas que le conocieron y me refieren que era un hombre dedicado a servir a los demás. De ahí fui aprendiendo, en efecto, hacer patria es hacer el bien a los demás.

En estos días en los que exaltamos el amor a los símbolos patrios y a la patria misma, debemos realmente reflexionar sobre una interrogante sencilla pero profunda ¿Qué hemos hecho con la patria? Desde el lugar que tenemos o en que nos encontramos en nuestro territorio, en nuestra ciudad, en nuestro trabajo y en nuestra familia, qué hacemos día a día por la patria. La seguimos queriendo, la seguimos amando, la seguimos construyendo, o simplemente desconocemos el concepto más elemental de pertenencia a nuestras raíces con todas las implicaciones que tiene.

De unas décadas a la fecha, observamos un aislamiento de aquel mexicano que estaba siempre presto a servir a su patria, no solo en tiempos de catástrofes e infortunios. Nos va quedando cada vez más lejano el compromiso social de estar pendiente del otro, compromiso que se asumía al interior de la familia y después se practicaba de manera desinteresada, cotidiana y sistemática. Íbamos caminando mano con mano.

Las crisis económicas, la corrupción en todas sus expresiones y una pérdida de la ética y la moral nos tienen en un momento social crítico en el que debemos reconstruir, retomar, readecuar y practicar los sentimientos de la nación. No solo en el mes patrio si no en el día a día.

Nuestros mayores, padres y abuelos, estarían muy orgullosos de ver un resurgimiento de los valores ciudadanos, fincados en la ayuda y en el servicio a los demás para lograr una vida mas justa y digna en comunidad.

Mi padre que en paz descanse, todavía a sus 82 años, me dijo que, como estaba en las reservas del ejercito nacional, se quería enlistar para defender a la patria ante el rumor de la época cuando Donald Trump fue presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y según amenazaba con una invasión a nuestro territorio. Fue de las últimas lecciones de civilidad y del profundo sentimiento patriótico que siempre llevaba consigo. Y justamente releímos juntos la suave patria de Ramón López Velarde; los sentimientos de la nación de José María Morelos y Pavón, y, aquella hermosa frase de José Martí: La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo y capellanía de nadie.

Y en tiempos actuales, sentir como dice Fernando delgadillo, “es mi país, es mi canción y hablar de México siempre me inflama el pecho”.

Y a todo esto, ¿Qué hemos hecho con la patria?

* El autor es Licenciado en Derecho, Maestro en desarrollo rural, ambiental y de la   sostenibilidad. Diplomado en Unión Europea. chaloes@hotmail.com   @GOGAES

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