Límites a la producción              Por: Mtro. Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes

“Hagan algo, sólo hagan algo, por el amor de Dios”.

Joe Biden

El ser humano por naturaleza tiene la propensión a expandirse territorialmente y a producir bienes o productos algunos para hacer la vida más cómoda y otros para alimentar su propio ego. En esta gran aventura que es la vida hemos llegado a casi todos los territorios del planeta tierra, dejando la huella de nuestras pisadas y a donde no hemos llegado directamente lo hemos hecho a través de toda la basura que generamos.

Así tenemos aire, ríos, lagos, lagunas y océanos con deshechos de productos en su mayoría de un solo uso. Actualmente en el estado de Nuevo León vemos un panorama desolador ante la falta de agua.

Elemento sin el cual no habría vida en la tierra. La escasez del vital líquido se debe entre otros factores al aprovechamiento en actividades que tienen más bien que ver con una industria productivista que genera una descompensación ambiental y no ayuda a la producción primaria de alimentos.

Así tenemos grandes consorcios multinacionales que nos venden el agua ya transformada en refresco o bebida alcohólica con más del mil por ciento de ganancia.

Tenemos que detenernos a pensar cuántos litros ocupamos para producir un litro de refresco o de cerveza, por ejemplo; esa producción desmedida se observa también en otras ramas de la economía que son despiadadamente lucrativas en términos económicos y despiadadamente dañinas al medio ambiente.

Si queremos conservar el equilibrio de la naturaleza para seguir con un planeta medianamente habitable, tendríamos que reflexionar en fijar límites a la producción en las industrias altamente contaminantes, productoras de mercancías cuya vida útil es breve pero su vida contaminante es larguísima.

Lo mismo con las empresas procesadoras de alimentos que por una parte agregan productos dañinos para la salud y por otra se pierden millones de alimentos procesados al caducarse. Sin siquiera llegar a paliar el hambre de millones de personas en el mundo.

Tenemos la obligación política y social de analizar el desbalance en la inversión entre las ramas de la agricultura y la industria de alimentos procesados dañinos a la salud y al medio ambiente y de accesorios superfluos que se convierten en basura, contaminando cielo, mar y tierra. Quizás limitando la producción recuperaremos un medio ambiente sano para todos.

* El autor es licenciado en Derecho, especialista en Derecho Agrario; Maestro en Ciencias en Desarrollo Rural Regional; Maestro en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad; Diplomado en la Unión Europea. chaloes@hotmail.com @GOGAES

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