A propósito del amor Por: Penélope Ochoa Trujillo

A propósito del amor

Por Penélope Ochoa Trujillo

Pensé en retomar este tema a propósito de febrero y la carga simbólica que tiene este mes con el amor, quise hacerlo a partir de varias aristas, no solo de un concepto, porque si algo nos queda claro a estas alturas de la historia de la humanidad es que el amor es uno de los temas con más vertientes, perspectivas, huellas y experiencias vivenciales; por lo que sería muy complicado encuadrar este sentimiento o construcción social tan poderosa en 5 renglones descriptivos.

¿Cuántas canciones, novelas, historias en la calle, en el café, en el transporte público están inspirados en el amor?, por supuesto que el amor y en su defecto el odio, son sentimientos que mueven al mundo, aquellos que nos hacen unirnos a una causa, perseguir un sueño, estar a lado de una persona, nos incitan a la guerra, nos provoca luchar por la paz, el amor es una emoción que inevitablemente mueve al mundo, una herramienta que construye y destruye.

¿Que sabemos del ejercicio de amar responsablemente?

Todos nos sentimos capaces de brindar amor y querer a otra persona, lo practicamos todos los días con nuestros hijos, las amistades, los padres, la pareja, etc.  Es importante hacer el señalamiento que como lo menciona Erich Fromm en el arte de amar, creemos que amar es un tema meramente romantizado de pareja cuyo único fin es el cumplir con esas expectativas sociales de formalizar una relación, tener una familia y seguir el protocolo. 

Este es  el primer error al momento de amar, porque los seres humanos ejercemos roles distintos en la vida, como lo mencionaba anteriormente, somos seres productivos, somos procreadores, somos pareja, somos sociales, por lo cual desarrollamos capacidades distintas de amar, las cuales deberían desarrollarse a partir del pleno conocimiento de que el amor no es un sentimiento que dependa del otro, de esa persona externa que mágicamente llega a despertarlo o lo inspire, el amor responsable es aquel que se desarrolla como una capacidad individual que tenemos de manera innata, para mostrar esa unión emocional con los demás, puede ser ese amor maternal, ese amor fraterno, aquel amor pasional, entre otras múltiples formas de amar.

Y bueno entre toda esta gama , es muy entendible que existan confusiones y transformaciones en la práctica diaria, como ejemplo de ello , podemos analizar el cómo las personas mayores tenían una guía sobre cómo se debe amar, incluso si nos adentramos a temas de género las mujeres tenían aún más limitantes en la manera en que podían o no desenvolverse en el amor; si esto lo comparamos con las nuevas formas de amar que ejercita la generación más joven, se destaca ese desapego emocional y el vivirlo como un ejercicio experiencial.

Habrá quien diga que esas nuevas prácticas de amor son o no son sanas, por supuesto podríamos adentrarnos en el debate de si está bien el acumular experiencias y conocimiento antes de decidí estar con una persona, o simplemente no tener una pareja exclusiva incluso, pero me parece que este es uno de los temas en los cuales todos debemos tener una postura personal.

Solo puedo decir que en estas variantes del amor hay cosas muy claras que se han tratado de encuadrar como formas no sanas de amar, esas formas que dañan, que duelen, que no son amor y que nos llevan a situaciones que se alejan completamente del ejercicio de este sentimiento.

Los apegos emocionales serían los primeros que me gustaría mencionar, objetizar al otro, hacer una apropiación de él o ella como un ente que debe o no estar, ser o hacer a partir de mis propias necesidades.

La codependencia, esa experiencia viciada de querer y forzar una relación necesitando al otro, incluso sabiendo que no se están haciendo bien, ese sentimiento de no poder existir sin la persona.

Los celos, el no entender que una persona desarrolla múltiples formas de expresar amor a los demás y que en ese ejercicio solo el que ama tiene el poder de decidir a quién ama, en que momento y de qué forma, es difícil entender que no somos los únicos merecedores de amor por parte de nuestras personas amadas.

¿Cuál sería entonces una forma sana de amar?

Aquella que sea clara, honesta, mostrando al otro las intenciones reales del intercambio emocional que se está generando, aquella basada en la comprensión del otro como un ser que también está ejerciendo una emoción, respetuosa y consiente de que así como podemos causar felicidad creamos desencantos y expectativas en el otro que muchas veces no se cumplen y bueno si eso llega a pasar tener esa madurez emocional que nos permitan salir a flote y recuperarnos de una decepción amorosa, de una ruptura o separación, de la pérdida del ser amado y con esto me refiero a todas las formas que antes mencionamos del amor.

Ama intensamente, profundamente, si así quieres hacerlo, pero no te desgastes ni comprometas tu estabilidad emocional cuando lo haces, hay momentos en los que es muy claro que debes parar. Y al amar trata de hacerlo responsablemente, de manera clara y honesta, siempre tomando en cuenta que  el amor es complejo, que tiene momentos y formas distintas y que la comunicación asertiva es la herramienta más poderosa al ejercer esta emoción, siempre lo más claro es lo más sano al momento de amar.

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