El caso Tadeo, de la indignación a la digna acción

Por: Eduardo Lugo Nolasco

El pasado 9 de enero fue encontrado el cuerpo sin vida de un bebe (Tadeo) en la basura del penal de San Miguel en el estado de Puebla, la organización Reinserta dio a conocer el caso en medio de la conmoción de lo fuerte del mismo, pero al mismo tiempo de la inacción de las autoridades y la indiferencia social. Con los días, se supo que el bebe había sido robado de un panteón en Iztapalapa, en las noticias fue identificado por sus padres quienes reclamaron el cuerpo a las autoridades poblanas. A la fecha no hay más información sobre los motivos de este lamentable hecho.

El caso Tadeo desnuda la ineficiencia del estado mexicano para cumplir con su obligación de proteger y garantizar de forma integral los derechos de niñas, niños y adolescentes ya que, un caso como este involucra a una muy amplia cadena de responsabilidades de funcionarios públicos desde el panteón hasta el penal. En respuesta a la presión generada por algunas organizaciones como la ya mencionada Reinserta, la red por los derechos de NNA (REDIM), artículo 19 entre otras, el gobernador respondió con frases susceptibles de ser interpretadas como amenazas al recomendar a los periodistas que anduvieran con cuidado en sus investigaciones sobre el caso.

Llama la atención la indignación de las organizaciones que han dado a conocer el caso, se lamentan de que aun siendo un caso paradigmático y de extrema violencia no levanta el ámpula ni la indignación suficiente en la sociedad, ni en las organizaciones y menos en las dependencias de la administración pública encargadas de proteger y garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes. Lo anterior ilustra el alcance del adultocentrismo en nuestra sociedad e instituciones, la muerte de un menor de edad puede ser minimizada y con mayor razón si se presentan otras condiciones de sexo, etnia o clase social, para el adultocentrismo que permea en la escena pública, las infancias y adolescencias solo son noticia cuando son víctimas o victimarios, pero no se indaga en las condiciones de vida en las que encuentra el grueso de la población menor de 18 años.

Eduardo Bustelo en su libro “El recreo de la infancia” retoma de la obra de Giorgio Agamben el concepto de homo sacer una figura del derecho romano que se traduce por su carácter de in sacrificable pero que a la vez, cualquiera puede matar quedando impune. Bustelo usa esta definición para hablar de los miles de niños y niñas que mueren en todo el mundo, víctimas de la pobreza, de enfermedades prevenibles, de hambre, de violencia entre otros motivos sin que exista mayor consecuencia jurídica ni para personas responsables de su cuidado, ni para el estado en tanto garante de los derechos de esta población.

En México, por ejemplo, al cierre de 2021 se pudo comprobar un aumento en la totalidad de delitos cometidos contra niñas, niños y adolescentes ocurridos en 2021 en comparación con 2020. Entre ellos destacan 6 al alza con respecto al año anterior: corrupción de menores, extorsión, homicidio, lesiones dolosas, tráfico de menores y trata. La propia REDIM había presentado el año pasado un análisis en el que daba a conocer que 97 de cada 100 delitos cometidos contra niñas, niños y adolescentes, quedan impunes.

Sin embargo, todo lo anterior no ha sido suficiente para que en este país se genere un movimiento social que alce la voz una y otra vez y con la fortaleza suficiente para que las autoridades coloquen en el centro de las políticas públicas los derechos de niñas, niños y adolescentes, más allá de la simulación y el discurso político, el tema se sigue minimizando y es urgente que este tipo de casos generen la movilización social, de los medios de comunicación, de la ciudadanía, de las universidades y de las organizaciones sociales a la par de otros movimientos por los derechos humanos que existen y que han logrado una mayor visibilidad. Como sociedad, normalizar casos como el de Tadeo solo nos hablan de una anestesia en muchos casos selectiva, debemos indignarnos por cada caso de violencia y cada violación de los derechos humanos, debemos alzar la voz por cada víctima sin importar ninguna otra condición y debemos empezar a hacerlo ya.

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