Las niñas y los niños, no son cosas: caso Nuevo León

Las niñas y los niños, no son cosas: caso Nuevo León

Por: Eduardo Lugo Nolasco

Hay muchas aristas para analizar, el caso ocurrido el fin de semana pasado en el que la señora Mariana Rodríguez; Influencer, presidenta del DIF y esposa del gobernador de Nuevo León, se llevó a su casa a un niño que se encuentra bajo resguardo, protección y cuidado del DIF estatal.

Desde el análisis político del hecho, hasta la vulneración de derechos del niño en cuestión, sin dejar de lado temas como la debilidad institucional, la configuración de la política actual en su relación con las redes sociales, la percepción social del hecho, entre muchas otras. Hagamos una aproximación a algunas de ellas.

La pareja en cuestión se ha caracterizado justo por haber encontrado en las redes sociales una plataforma de comunicación de alto impacto y con buenos resultados, para ello, desde la propia campaña realizaron promoción a través del uso y exposición de un niño que cantaba un tema de campaña.

Después, ya en funciones, la pareja y ella en especial, sube de manera cotidiana videos y fotografías en donde expone la imagen de niñas y niños con fines mediáticos y lo hacen porque se dirigen a un grueso de la población que ve con buenos ojos la cercanía de ella con los niños, y por lo tanto , hablan de sensibilidad, sencillez etc., ignorando que con estos actos, pone en riesgo la seguridad de los propios niños y niñas que exhibe así como su desarrollo emocional y construcción de vínculos, ignorando también que hoy existen protocolos en los lugares donde estos niños y niñas se encuentran en resguardo y cuidado institucional, así como personal que debe estar capacitado y certificado para ello.

Sin embargo, yendo un poco más al fondo de los hechos, preocupa la debilidad institucional que hizo posible que una persona sacara a un niño un fin de semana, lo llevara a su casa y lo devolviera dos días después ignorando los procesos, los protocolos, los riesgos y los derechos del niño en cuestión.

Parte de esta debilidad institucional, sigue estando fundada en el culto a la autoridad ya que seguramente no hubo nadie en una estructura institucional que le pudiera decir que no podría llevarse al niño, y es que basta con tener un espacio de poder desde pequeño y hasta mayor, para acostumbrarse a que quienes consideras que están subordinados, te digan que si a todo, o en caso contrario, pagar las consecuencias.

Con el acto cometido, se refrenda que muchas personas que ostentan poder, reconocen sin empacho que leyes, normas o limites institucionales, no les son aplicables y que por tanto pueden utilizar a las personas, en este caso niños para sus fines: ya sean políticos o económicos, convirtiéndolos en mercancías de exhibición.

Para tener cuidado con las palabras, hay que decir que el niño en cuestión no fue adoptado, la Ley no contempla la figura de adopción por un fin de semana, tampoco la familia de Mariana fue familia de acogida temporal, figura que requiere un proceso y certificación para cumplir con su función y en este caso no hubo nadie que evaluara la capacidad de esta familia para tener a su cuidado a un bebe.

Institucionalmente debe haber sanciones, pero socialmente debemos reconocer que una parte de la sociedad, sigue asumiendo que niñas, niños y adolescentes, son sujetos sólo de asistencia y no sujetos titulares de una serie de derechos que les deben ser protegidos y garantizados de forma integral.

Históricamente, la infancia ha sido una etapa de la vida sujeta a múltiples vulneraciones, pero a 32 años de la Convención sobre los Derechos del niño, a 8 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y a 7 de los sistemas de protección que hechos como este se presenten, muestra que revertir los procesos de cosificación de la infancia, serán todavía una tarea larga.

Por todo lo anterior, espero se presenten sanciones ejemplares, se revisen los réditos económicos que este hecho les generó, pero sobre todo, que la sociedad avance en sus procesos de reconocer en estos hechos, violaciones a los derechos de niñas y niños a las que no podemos ni debemos acostumbrarnos.

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