Julio Sherer García vs Arturo Durazo Moreno

¿Verdad o mentira?
Por: Salvador Hurtado

Julio Sherer García vs Arturo Durazo Moreno

-Conocí a Durazo en casa de un compadre muy querido Ángel T. Ferreira a mediados de 1977. Invitado a comer a su casa con el jefe de la policía y algunas otras personas.


Relata Julio Sherer García en su libro “Los Presidentes” publicado por la editorial Grijalbo en 1986. En dicho compendio escribe que previamente exteriorizó sobre la animadversión que existía con el entonces jefe policiaco Arturo Durazo y el.


Continuamos con el relato de esa anécdota del famoso periodista y escritor el cual recapituló:


–Le advertí que tenía una muy mala opinión del general. Su relación con Víctor Payán era un antecedente. Me parecía Durazo un prototipo de la corrupción. Turbios habían sido sus años al frente de la lucha contra el narcotráfico en el aeropuerto de la ciudad de México, ahora, en nuestros días, eran visibles sus abusos al frente de la dirección de policía y tránsito.

Me respondió Ferreira que los hombres deben encontrarse algún día, enfrentarse si así lo deciden o determinan las circunstancias, para saber unos de los otros por sí mismos. Me dijo entonces que había conocido a Durazo en la campaña de López Portillo-.

-También habían sido invitados Joaquín López Doriga y Roberto Martínez Vara además de algunos jefes de policía y tránsito parecía de buen humor el general. Construyo un puente para el entendimiento. Los policías y los periodistas se identifican como investigadores, pertenecen a la misma especie, dijo. Le respondí que sus métodos de trabajo los hacían distintos, especies tan opuestas como un burócrata enfermizo y un atleta en forma.


Desde el saludo, cruzadas las primeras palabras supe que dijera lo que dijese Durazo encontraría en mí el rechazo. Solo tenía ojos para las insultantes estrellas de su uniforme. En la estancia solo él y yo hablamos de nada servían los huisquis.

Quise ofenderlo: Mire general, para acabar pronto. Imaginemos que son las dos de la madrugada en una colonia desierta de la ciudad. Para llegar a mi casa debo avanzar de frente y solo tengo dos posibilidades: La acera de la izquierda y la acera de la derecha. A la distancia vislumbro a un policía uniformado y en la acera de la izquierda y en la acera de la derecha a un sujeto con pinta de hampón.

Camino por la acera de la derecha, que me ofrece alguna posibilidad de error. Durazo me dijo que me sobrepasaba y al instante voces precipitadas nos invitaron a la mesa.


Mucho se ha dicho y escrito que Julio Sherer García fue, acérrimo defensor de la libre expresión de las ideas y fue un crítico sin parangón del presidencialismo mexicano, denuncio las agresiones del sistema en contra de los grupos disidentes y se mantuvo cerca de los movimientos sociales y estudiantiles que fueron reprimidos en la década de los años sesenta y setenta.

Sus publicaciones son reflejo del trabajo periodístico y de su compromiso con la libertad de expresión, la denuncia y la transparencia en la narración de los hechos sociales latinoamericanos.


Continuando con esta atrayente anécdota moldeada en su libro como sigue: -Durazo bebió su café de un trago. Algunos movimientos en la mesa me hicieron saber que se retiraba. Ángel se aproximó hasta donde yo me encontraba:-Esta es su casa y no hay problema, compadre, aquí puede hacer lo que quiera. Solo le pido termine bien las cosas.

Despídase del general.- Alcance a Durazo y lo tome del brazo. Caminamos unos metros en silencio.-No se enoje general disculpe.- No me enojo al contrario. Usted me gusta pa puto y me lo voy a coger un día.

Sentí asco.- Si es por la fuerza usted me va a coger. Pero si es por la inteligencia, yo me lo voy a coger a usted. Me aparte y regrese a la sala de la casa. Me supe cubierto de sudor. Tuve miedo, satisfacción, frustración, rabia, gusto. Hubiera querido injuriarlo. No pude. No me arrepentí.

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